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ANALIZANDO EL CONFLICTO 27/1/2018

House of Handball

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Gastón Rudich / @gastonrudich

Los últimos meses de 2017 auguraban que vendría un año caliente en términos geopolíticos. Y así fue. La IHF, tras olfatear algo cuando nosotros estábamos distraídos, partió con un sable al medio a la Panamericana.

La guerra, que ya estaba declarada y sentenciada, porque cuando el César descubre algo a sus espaldas, sospecha de alguna traición o simplemente empieza a ver al Cristianismo como una amenaza, “se carga al que venga”; tuvo una serie de misiles que volaron en elevación, de continente a continente.

En ese contexto, fue la Panamericana la que lanzó el proyectil inicial. En primer lugar, con el fin de instalar su verdad antes que el oponente, porque como dice la vieja táctica púgil, el que pega primero pega dos veces. En segundo lugar, a sabiendas de que, si hubiera disparado después, simplemente lo hubiera hecho con munición de salva, porque una vez cesanteada y suspendida la Federación, es decir, fuera de funciones, el comunicado no hubiera tenido firma válida.

Y luego siguió la carta de IHF, un comunicado cáscara: descriptivamente cierto en sus apreciaciones deportivas, coherente desde la economía, pero totalmente falto de fondo, donde los justificativos de semejante represalia, sin precedentes en la historia de nuestro deporte, se desvanecen en una enumeración bien piri-pipi. Pero claro, como para sembrar dudas y regar sospechas, desde el centro administrativo con sede en Suiza, revolearon también la carpeta del millón, una mancha que aunque sea indemostrable, termina salpicando a la cúpula de PATH. "Tomen, acá tienen para entretenerse".

De ahí en más, todo sucedió entre cruces de acusaciones jurídicas, en un intento de empañar la cuestión desde el punto de vista legal (tema que Mundo Handball se encarga de detallar a la perfección en su nota "Alguien no sabe como sacar un porcentaje"), el profesional silenzio stampa de casi todos, la defensa chauvinista de muchos, sostenida en una inentendible enarbolación bolivariana de tinte patriótica y los raquíticos argumentos esgrimidos por la Federación Internacional, que incluyen la causa independentista norteamericana, algo en lo que ni sus propios civiles creen.   
 
¿Será bueno o sera malo? ¿En serio vamos a perder tiempo discutiendo esto? Mientras lo hacemos, la Panamericana, en una carrera contra el tiempo, lleva su  testimonio incendiado al TAS (Tribunal de Arbitraje Deportivo), que según dicen, nunca falla en contra del poder superior. IHF, en cambio, con total parsimonia, llama a todas las Federaciones para ver que necesitan y baja al llano como Robin Hood, para ponerse al servicio del tercer mundo, incluyendo una decena de Federaciones que votan, no juegan y no tienen selección.

¿Qué pasó entre medio para que una relación que parecía simbiótica se rompiera? Nos sigue faltando una pieza en el rompecabezas para poder terminar de cerrar el círculo. Como bien se pregunta Handball de Primera en Twitter y como cuenta la Biblia, los hermanos, Caín y Abel, se enconaron en una disputa, nada beneficiosa para el deporte y en la cual el más fuerte tiene arrinconado al más débil, como indica el manual.
Bajo el lema “divide y reinarás” Hassan le rompió a Mario el chiche nuevo, su Federación. El acorazado llegó en forma de rompehielos para partir el gigantesco y amenazante iceberg de votos. llevándoselo puesto de una, sacándole el látigo del poder y como en todo divorcio, quedándose con la mitad de los bienes, el vil metal. Solo el TAS y un cisne negro, podrían cambiar eventualmente el curso de una historia cuyo final pareciera estar juzgado.    

Mientras se rearma el juego político, de cara a la división coyuntural norte-sur, mientras el mazo de naipes se prepara para barajar nuevamente y empezar de cero, mientras los del círculo rojo compramos pochoclo y esperamos el desenlace en primera fila, los jugadores pagan esos ridículos pases internacionales para volver a sus ligas amateur, los que se van, en gran parte firman contratos fantasma, los que fueron "obligados" a jugar con la azurra no pueden volver y los reclamos de los jugadores por el calendario, como hojas caídas del árbol, juguetes del viento son.

Cierro volviendo al primer párrafo. Por más que unos y otros no paren de chillar y patalear, no podemos analizar este conflicto por fuera de la política, no podemos empezar a pensar y entender lo que está pasando si no somos capaces de ver que todo este montaje es parte del show de un viejo señor llamado poder, una película que, a diferencia de Hollywood, no tiene buenos ni malos.  

Y si no me crees, mirá House of Cards.  

Foto: extraída de Diario Olé, nota de 2013. Recomiendo que la leas...
 

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