SuperHandball Magazine en MLA
ALEJANDRO FERRANTELLI 23/12/2018

Un legado de fuego

Enviar Artículoenviar artículo

Gastón Rudich / @gastonrudich

Todavía recuerdo como si fuera ayer nuestro primer encontronazo en las oficinas de Fe.Me.Bal.

Fue un año después de aquella carta que habíamos armado entre capitanes y jugadores de 10 clubes importantes que se oponían al comienzo del Metropolitano Apertura por superposición de calendario (con la Liga Federal organizada por la Confederación Argentina de Handball). A pesar de haber estado firmada por los presidentes de las instituciones, la misma no fue considerada por no haber entrado por los canales oficiales y establecidos por los estatutos. Estoy hablando del año 2006.

También recuerdo cuando desinteresadamente se ofreció a llevar al entonces cameraman de Superhandball a un partido de Ward en Quilmes. Todavía no había llegado Youtube, fue la temporada 2007 en la que hacíamos un video resumen del partido más importante de la fecha: Un compacto con todos los goles. No sabíamos lo que era el live-streaming y no había imágenes de Fe.Me.Bal. en la TV desde la década del 90. Eran años en los que nos contentábamos con ver los mundiales y, cada tanto, alguna final de Nacional por TyC.

Y también me acuerdo de sus primeros interminables llamados (porque hablábamos horas por teléfono). Era una época en la que descreía mucho de Fe.Me.Bal. Sin embargo, él, con mucha paciencia, me invitaba a trabajar en equipo, me inculcaba, me enseñaba, como un verdadero padre dirigencial, la manera de ir haciendo las cosas en un ambiente pequeño y desagradecido, repleto de caciques arraigados a sus quiosquitos.

Hubo otros momentos en los que colgó el traje de dirigente y sacó a relucir toda su chapa humana. Porque como nadie, estuvo al lado mío en momentos difíciles, los más difíciles de mi vida. La palabra justa, la palmada justa… recordaré por siempre aquél café en La Clínica la Trinidad o ese mensaje en una noche de abril… Él se acuerda seguramente y a mí, esos dos momentos, me marcaron a fuego.

Fiel a su estilo, con mucha personalidad y con mucho personalismo, con palabra, claridad y transparencia inusitada, reinó durante 8 largos y apasionantes años. Y digo apasionantes, porque en medio de su presidencia pasó de todo: idas y vueltas con la Confederación, la explosión de los eventos (Super-4, Nacionales y hasta 2 Panamericanos de Clubes), donde nos mal-acostumbramos a tener canchas llenas, publicidades en los led, mascota, animador y hasta piso de carpeta; el nacimiento de FemebalTV (luego de los primeros experimentos durante la gestión de Carlos Melillo), que con horas de cortes y desprolijidades propias del nuevo mundo abriría la puerta a la televisión algunos años más tarde; la sistematización de todos los procesos, la cual me tocó vivir desde el epicentro; la Escuela de Entrenadores, esa que no busca hacer caja, sino, capacitar, profesionalizar y mejorar a los recursos humanos tan talentosos que hoy tiene nuestra federación; la apertura a las redes; el emprolijamiento de los procedimientos y más transparencia.  

Trabajó por los que trabajamos para el Handball y lo hizo, como nadie, con una vehemencia incomparable. Le dio un lugar privilegiado a quienes fomentan el deporte con un sitio, un blog o una cámara colgada en el cuello. Pasaron conferencias de prensa (poco valoradas por el ambiente) y espacios durante los torneos que cuesta encontrar, incluso, en Europa.

Increíblemente hubo de todo, pero antes que nada: orden, palabra y transparencia.

Qué decir de los problemas, todos esos inconvenientes de tiempo, infraestructura, planificación, arbitraje y administración que te trae el crecer (¡se pasó de 6000 a 15000 jugadores activos!). Y en medio de la lluvia, la convivencia… porque todos siempre tienen algo para decir, sobre todo, esos que están bien lejos del corazón de la cosa, esos que hoy cuentan con redes sociales para lanzar palabras vacías de cafetín, sin siquiera ser capaces de cambiar la realidad de sus clubes y, en muchos casos, la realidad de su propio hogar.

Hubo aciertos y desaciertos, a veces clavó la pelota en el ángulo y otras la tiró un metro arriba del travesaño, como cualquier jugador mortal, hubo momentos mejores y momentos peores, hubo mucho acompañamiento en general, pero también exageradas resistencias que siempre se encargó de pulir personalmente. Y hubo equipo, porque se rodeó y supo rodearse de pilares de laburo. Armó un equipo con gente que supo poner su vida en segundo plano para trabajar en pos del Handball.

Le pese a quién le pese, la gestión de Alejandro Ferrantelli, mucho más reconocida entre los otros deportes e incluso en el exterior, que aquí dentro, ha sido única en el balonmano continental. Ha sido excepcional, y no lo digo únicamente en términos positivos, si no porque ha sido “fuera de serie”, alejada de lo convencional, tal vez irrisoria, haciéndonos creer a los handboleros de cabotaje, que en Lomas, Ballester, Quilmes o Vilo se puede jugar el Final-4 de la Champíons League.

Subió la vara en todos los rubros y deja mucho por hacer. Su equipo queda al frente, con talentos, con futuros y muchas ganas de seguir haciendo.

Alejandro subió la vara en un deporte ínfimo, pequeño y que hace 10 años solamente, salvo excepciones, no tenía por dónde empezar.

Ferrantelli subió la vara de la dirigencia incluso con su carta final a la Confederación. Un llamado de atención, en especial, para esos que se quieren quedar a vivir en el trono: orden, palabra y transparencia.

Gracias Alejandro por este legado de fuego.

¡Hasta pronto!

Publicidades

Encuesta

¿Qué producto SH consumís más?
El sitio Web
El perfil de Facebook
El perfil de Twitter
El sitio Web y Facebook
El sitio Web y Twitter
Facebook y Twitter
Web, Facebook y Twitter
Votar

Ver resultados