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EL MILAGRO DE ROMERO BREST 10/11/2013

Diego Cordara nos cuenta su historia

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s.peñaloza@superhandball.com.ar

Diego Cordara se salvó (por una casualidad) de perder la vida dentro del 40x20. El jugador del segundo equipo de Luján sufrió un paro cardíaco durante el encuentro ante Comunicaciones “B” por el ascenso de la cuarta división del handball metropolitano, en la zona B. El choque se jugó en la cancha del Romero Brest, lugar que literalmente es uno de los motivos principales por los que Diego hoy puede contar su historia.

Superhandball conversó con el jugador, quien contó lo sucedido en primera persona.

“En un momento del partido, que no tengo muy claro, y por lo que me comentaron, el circulador nuestro mete un gol luego de un pase mío. Cuando quiere felicitarme por la asistencia, yo ya estaba con la mirada medio perdida. Justo había en la tribuna un amigo mío de toda la vida, Leandro Conte, que fue al colegio y que jugó al handball conmigo”. Así comenzaba la triste pero milagrosa historia.

“Él es médico cardiólogo y ya cuando vio que yo hice unos pasos medios raros en la cancha, se le prendió una alarma y salió corriendo a la cancha en el medio del partido. Ni siquiera dejó que llegue al piso y me asistió rápido con otros médicos que había de Comunicaciones: uno que era jugador y otro que era uno de los planilleros. Después, por lo que me siguieron contando, me realizaron masajes cardíacos y Cristian Tablado, otro compañero mío de Luján y que es el preparador físico de Liga, sabía dónde estaba el desfibrilador en esa cancha. Cuando lo trajeron, lo utilizaron, me volvió el ritmo cardíaco normal y yo reaccioné”.

Hoy la historia la puede contar el mismo protagonistas, pero estuvo a momentos de no poder hacerlo: “Lo importante es que se dieron un montón de "casualidades", por llamarlo de alguna manera, que hicieron que yo esté con vida: que jugáramos en el Romero Brest fue una casualidad porque siempre somos locales en Mitre. Que fuera a verme jugar mi amigo cardiólogo después de diez años sin verlo, que haya otros dos médicos en la cancha y que un compañero mío haya sabido dónde estaba el desfibrilador”, explicó Diego agradecido a la vida y a la gente que lo socorrió.

El jugador lujanero fue intervenido el viernes pasado y le pusieron un cardiodesfibrilador, aparato que servirá, de ahora en más, para detectar cualquier otro episodio parecido y controlar permanentemente si se producen alteraciones del ritmo cardíaco, especialmente taquicardias. En caso de que ello ocurra, el equipo las tratará de forma automática mediante estímulos o choques eléctricos.

“Pensé que me iban a dar el alta pero, a pesar de que está todo bien, quieren seguir haciéndome estudios para determinar qué pasó exactamente”, agregó Diego.

Una de las preguntas que todos se hacen es si Cordara había sufrido en algún momento algo parecido o si tenía alguna enfermedad. El jugador lo deja bien claro: “Nunca había sufrido esto. Soy una persona que voy bastante al médico, que me hago un análisis de sangre todos los años. Este año, me había hecho una ergometría (prueba diagnóstica que consiste en realizar un registro del electrocardiograma durante un esfuerzo controlado) porque hacía mucho que no me lo hacía”.

Cordara contó cómo comenzó todo antes de este hecho: “Hace un tiempo se armó esta idea de comenzar con un equipo y arrancamos a jugar el Promocional de jugadores no federados. Salimos campeones y formamos Luján B. Como me volví a federar, quería realizarme el estudio para saber cómo estaba y me salió todo bien. Había tenido una arritmia supraventricular (trastorno del ritmo cardíaco caracterizado por una frecuencia cardíaca acelerada, que puede ser causada por estrés) pero es benigna: es común en los deportistas y no produce nada. Todavía están evaluando las causas, si es hereditario o fue algo que pasó por pasar”.

A pesar de que pasa en los deportes más conocidos y en los que se juega profesionalmente, se debe hacer todo lo posible para prevenirlo: ”Espero que esto sirva para que se plantee y se revea sobre que haya un aparato de esos en todos los lugares donde se hagan deportes y haya tanto chicos jugando. Si no, seguimos a merced de que sigan pasando las cosas."

"El día previo a la intervención, me llamó el presidente de FeMeBal, Alejandro Ferrantelli, para preguntarme cómo estaba. Aproveché para plantearle esto y me comentó que esto va a servir de disparador para analizarlo. Están viendo cómo se manejan otros deportes en este sentido”, contó el jugador en referencia a la repercusión que tiene y tendrá este accidente con final feliz.

Sea un milagro o solamente una casualidad de la vida, Diego Cordara sigue con vida para poder contar esta historia y hacerlo como una anécdota más, una anécdota milagrosa: “Ahora hay que ir de a poco. Me imagino que al handball no voy a poder jugar pero seguiré haciendo deportes con menos roce, ya que lo hice toda mi vida. Seguiré alentando al equipo desde afuera”.

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