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Egipto 2021 26/1/2021

El mérito impensado

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Adrián Pisani

Después de muchas horas de reflexión y de calmar la amargura, llegó la hora de analizar el mundial de Argentina.

Está claro que siendo la mejor actuación de la historia para nuestro seleccionado, el balance debería ser positivo. No solo por el resultado, sino también por el rendimiento del equipo. El plantel estuvo sólido en las 4 fases del juego y si bien en algunos momentos Argentina se atascó en ataque, logró en muchas situaciones salir adelante, con alguna mágica jugada o acción individual. La defensa estuvo más intensa que nunca y tanto el ataque en la primera oleada como el repliegue, funcionaron sin fisuras.

La diferencia que noto en este mundial respecto de los anteriores y es el mérito que quiero resaltar, es que Argentina dejó de ser un conjunto de individualidades para pasar a ser un equipo con todas las letras. Y quiero aquí resaltar la palabra EQUIPO, porque en los últimos mundiales siempre hablábamos de la columna vertebral Argentina, conformada por Matias Schulz, Gonzalo Carou y Diego Simonet.

Hace tres o cuatro años, si uno proyectaba al equipo y pensaba en recambios, costaba muchísimo imaginarnos un conjunto argentino sin Schulz, pero sobre todo sin Carou, un hombre vital, tanto en ataque como en defensa. Con la partida del padre de la criatura y la persona que potenció y le dió la mística a este grupo histórico, Dady Gallardo, el interrogante aún era mayor. ¿Qué iba a pasar con Argentina en los próximos mundiales? ¿Cuántos equipos hemos visto que han tardado años en acomodarse luego de que sus figuras se retiren o dejen de tener un papel protagónico? Sobran los casos, por este motivo la incógnita era aún mayor.

Y aquí es donde debemos ahondar en el gran mérito de este grupo, que fué poder conformar un equipo donde ninguna pieza es más importante que el conjunto en sí.

Las actuaciones estratosféricas de Leo Maciel y Juan Bar, apoyados en una defensa intensa y agobiante, hicieron que por un ratito no pensemos en Matias Schulz, que nos tenía muy mal acostumbrados. La performance de Lucas Moscariello, para mí el mejor del equipo en todo el mundial, tanto en ataque como en defensa fue clave reemplazando a Carou. Si sigue con este nivel, nos dará muchas alegrías más.

Pero el análisis no termina aquí. Dos nombres clave en el ataque argentino, como son Diego y Pablo Simonet no tuvieron suerte en este mundial. El primero, afectado por una perforación de tímpano y unas molestias en su rodilla, jugó en gran medida gracias al corazón y al amor por la camiseta que tiene. Otro ser mortal no hubiese podido en estas condiciones, ni siquiera hacer la entrada en calor. Aun así, Diego se las rebuscó para tirar del carro, pero no estuvo lo fino que nos tiene acostumbrados. Su hermano Pablo, sacando algunas perlitas, tampoco estuvo certero de cara al arco y luego se vio afectado por un malestar estomacal. Aún sin estos dos emblemas en su máximo esplendor, un nombre que surgió fue el de Pedro Martínez. Jugando su primer mundial, como si estuviera en el playón de Ward, el hombre del Ademar español, fue muy importante en ataque y en defensa, siendo pieza importante de recambio para la primera línea. Párrafo aparte para el último (?) mundial de Sebastián Simonet. Con poco rodaje durante un año complicado, entrenando como podía, fue el cerebro de este equipo que lo necesitó mucho y el siempre respondió en un nivel altísimo. Una pena que Tokio sea su última cita con esta camiseta.

Cerrando la primera línea, Federico Pizarro sigue demostrando que está en otro nivel, jugando y haciendo jugar con una confianza, potencia física y madurez perfectas.

Por último, no me quiero olvidar de los extremos. ¿Cuántos fuimos los que nos agarramos la cabeza cuando Andrés Kogovsek anunciaba su retiro de la selección y pensábamos en su reemplazo? ¿El Colo Vainstein, Pizarro, Cangiani? Las últimas actuaciones y el mundial de Santiago Baronetto y de Ramiro Martínez nos da la tranquilidad, que ese puesto también está cubierto. Del otro lado, en los últimos mundiales, Fede Fernandez nos tenía mal acostumbrados, metiendo casi un 100% de penales y con una eficacia altísima desde el extremo, siempre fué una garantía y alivio tenerlo de nuestro lado. Para mí uno de los 10 mejores jugadores de la historia argentina. El mundial de Fede no fue bueno, estuvo algo errático, pero por suerte para Argentina, el papel de Ignacio Pizarro fue muy interesante.

Es cierto que caí en la tentación de escribir nombres propios, pero el tema principal del artículo está expuesto. A pesar de ser todavía un deporte amateur, con muchísimas falencias y necesidades, ya no tenemos que llorar las partidas de nombres como Kogovsek, Schulz, Gallardo, Carou, Gull, etc, porque tenemos la seguridad que siguen apareciendo grandes valores para darle recambio a jugadores que ya no están. Y ese, es el mérito más grande.

Como dice el gran periodista Hernán De Lorenzi, el crecimiento es inevitable. Ojalá que nuestros dirigentes estén a la altura. Y sino, soñemos con que algunos de estos jugadores sigan dándonos alegrías, aunque esta vez desde otro lugar.

Foto: IHF

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