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El cuento de Marzo 18/3/2007

Informa la voz del estadio

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Prof. Eduardo Ferro

Resulta Pablito, que cuando la gente iba a las canchas para ver jugar a sus equipos al ?fúlbo? -porque los partidos no se transmitían por televisión- había en los estadios, colgando de columnas, unas bocinas en forma de cala para amplificar la voz del comentarista que le tocaba en suerte transmitir el partido. Una de las principales funciones que tenía este personaje, conocido sólo por el tono y la expresión de la voz, era -entre propagandas musicales acompañadas por el canto de la tribuna- anunciar la formación de los equipos que a la brevedad saldrían a la cancha, aplicando el único sistema táctico del ?2-3-5?, de la siguiente manera: Jingle: - ?Si su piloto no es Aguamar, no es impermeable, le puedo asegurar; si su Piloto, es impermeable, su piloto es Aguamar?. ¡Chin-Pum! Inmediatamente, silencio? y la voz grave, metálica, decía: - ?Informa la voz del estadio... Conformación de los equipos de primera división de....?- Esto se escuchaba por partes, porque dentro del estadio, como en las montañas, el campo de juego es un valle rodeado de mesetas, y no se podía eliminar el eco por el rebote de ?la voz del estadio?. Cuando se terminaba de escuchar una frase completa, el relator ya iba por la mitad de la otra. Así, en forma de canon, el coro de escuchas contestaba con otros cantos, los nombres, sobre nombres, alias, y un rosario interminable de alabanzas o también insultos a los jugadores que la hinchada no quería. Saltaban de una frase a otra, de uno a otro estribillo, hasta que terminada la transmisión del relator, seguía en forma paralela ese otro canon, el de los hinchas, en el mismo orden inverso, decreciente y rimbombante de sonidos candomberos, como había comenzado la orquesta de la popularidad. Eliminar la reverberancia, o como se llame, era un acto hostil y antideportivo. Representaba la parte más importante de la cultura manifiesta en el idioma particular y acotado de que disponíamos. Era igual a evaluar con una nota más alta un gol que un caño o un sombrerito. ¡Locura total en el código del potrero!, escuela nacional del ?fulbo?, donde todo se aprendía jugando y nada se enseñaba en la pizarra. Entender así al relator era esencial para comprender el ?fulbo?. Un sistema exquisito de parlantes en la cancha, hubiera dado por tierra uno de los principales baluartes de la cultura ?fulbolera y porteril?. Como terrible no saber cantar de memoria los jingles que se escuchaban por horas antes del partido, durante el entretiempo y al finalizar el encuentro en la tribuna popular. O no conocer... ¡Y ahí sí ?andá a jugar con las muñecas?!...los caramelos de ?Chuenga...a...a...?Era igual que hablar de ?saguero? en vez de ?fulba?, de ?volante? en vez de ?inside?, o no saber que el?centro has?era el 5 y el?centro fobal? el 9. Si incluso se le hubiera ocurrido ? en esa época ingenua ? dar el resultado a la ?voz del estadio? antes de comenzar el encuentro, ¡le hubiéramos creído! Y si el partido no terminaba como se había anunciado, los insultos y agresiones de los hinchas a los jugadores, al no cumplir con lo manifestado por ?la voz del estadio?, hubieran sido aterradores. Porque la autoridad -esa voz de los cielos- ¡lo había anunciado! Y cómo se iba a contraponer un trasnochado goleador subversivo ? no respetando las reglas establecidas por derecho natural de ?la voz del estadio? ? haciendo un absurdo y mal intencionado gol, aunque hubiera sido obra de la creatividad, intuición y oficio de potrero. El grito de Gol resonaba durante varios días en el estadio. Se transmitía por el aire de una cancha a otra. El comentarista necesitaba a veces un tubo de oxígeno para recuperarse. Hoy día, los periodistas deportivos dirían más o menos así: ?Gol?, a secas. Y luego:??La-habilidad-de-este-profesional-del-balón-pie-es-debida-a- condicionantes-coordinativas-específicas-espacio-objeto?Sus-aptitudes- sensorio-motrices-inter-musculares-gravadas-en-el-amplio-espectro-del- sistema-vestibular-y-la-relación-del-aparato-psíquico-y-motor-con-la- esteroceptividad-de-la-pelota? - bla?-bla?-bla........? Palabrería sacada de los ambientes académicos del deporte postmoderno, escuelitas de Fútbol (con acento) cursos de entrenadores y demás fitness. ¡Gracias a Dios!, que esos ?sabios enseñadores? de los misterios sagrados del porqué un ser humano puede jugar al ?balón pie? mejor que al balero, encontraron las palabras adecuadas para la didáctica del ?futin boling? en función del entendimiento masivo. Nosotros, burros de potrero -después de saber hasta en sueños, que ?Proveeduría Deportiva tiene de todo para el deporte?. O que el único botín de fulbo machazo era ?Sacachispas? -definíamos a este juego en un idioma vulgar, profano y potreril: ¡Qué golazo loco! - ¡Qué mareo! - ¡No vale chumbar! - ¡Qué gambeta! - ¡Nos están cascoteando el rancho! - ¡Dale de chanfle! - ¡La colgaste en el segundo palo! - ¡No seas morfón! -¡De puntín no vale...canté! - ¡Rajemos que viene la cana! - ¡Lo dejaste chueco! ? ¡No la gastes tanto que nos vamos a quedar sin cuero! ? Porque Pablito, ¡antes las pelotas eran de cuero!... El reverberante canon escuchado por todos; la única milagrosa voz que dejaba en silencio sepulcral el estadio, cuando incorpórea se dirigía desde las alturas a las masas enardecidas, ¡era la suprema autoridad! Para la hinchada de los dos equipos, debajo de sus banderas. Para los jugadores, ennoblecidos con las camisetas. Para los entrenadores, concentrados en sus estrategias. Para la policía, escondida entre cascos y uniformes. Para los empleados del club, atrás de las ventanillas de las boleterías. Para los caballos de la montada, esbeltas siluetas de orejas paradas, atentas, moviendo la cola. Para los dirigentes, obsesionados en sus negocios. Para los fotógrafos, detrás de los arcos. Para los periodistas, parloteando atrás de sus micrófonos. Para los árbitros, soplando los silbatos. Para la afición popular, sudorosa y argentina, que pegada en la oreja escuchaba las históricas y transistorizadas radios ?Spika?. Sí, para todos, porque vivimos - ¡gracias a Dios! ? con la olvidada, mágica y singular: ?Voz del estadio? Tu Papá

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