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EN PRIMERA PERSONA 17/4/2014

Martiniano, el jugador más mediático

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s.penaloza@superhandball.com.ar

Todos hemos prendido la televisión y lo hemos visto cocinando alguna de sus mejores recetas en algún programa especializado en eso. Pero ¿cuántos de los más jóvenes conocen con precisión el pasado deportivo que tuvo aquel jugador de Quilmes que participó en mundiales y que llegó a jugar en uno de los mejores equipos de Europa? Hoy, Martiniano Molina dice presente en Superhandball y nos cuenta su historia:

Superhandball: Para comenzar, saber un poco del presente de Martiniano Molina y sus proyectos para este 2014...

Martiniano Molina: “Por suerte, estoy con mucho trabajo. Siempre cuento que dedico el 50% del tiempo a ayudar: hace varios años, lo hago con varias ONG’s, fundaciones y todo lo que tiene que ver con la niñez y los procesos educativos, basado siempre a una alimentación más saludable. Además, con mi familia creamos un club de campo, que es un lugar donde se puede vivir con alimentos orgánico, donde se plantea una política de "basura 0" y muchas cosas más. A futuro, queremos un espacio para un nuevo partido político que pueda bajar a la sociedad todo este tipo de lineamientos sumando acciones puntuales más allá de los gobiernos”.

SH: En los medios de comunicación, ¿dónde te podemos encontrar actualmente?

MM: “Actualmente estoy escribiendo para la revista "Convivimos", de Tarjeta Naranja. Presenté hace poco mi libro ‘Todas mis recetas’, de editorial Sudamericana. Estoy presentando también un canal de comunicación llamado ‘Martiniano TV’ (www.martiniano.tv), en donde se puede ver reflejado lo que conté anteriormente. Por último, haré un programa en Gourmet llamado ‘Eco-cocina’, que saldrá al aire en la primera semana de mayo”.

SH: Te sacamos del presente y te llevo al pasado, ¿cómo y cuándo tomaste la decisión de empezar a jugar al handball?

MM: “Conocí este deporte en el colegio porque yo fui a una escuela en donde tenías para elegir al handball como deporte y la verdad que me encantó. Cuando volví a Quilmes, porque hice la secundaria afuera, me encontré con un compañero de la primaria (Christian Gull, hermano de Eric) que se estaba yendo a entrenar y que me dijo que se iba a practicar handball. Con 20 años tomé la decisión de comenzar a jugarlo. Empecé a entrenar con Osvaldo López y me hice muy amigo de los chicos”.

SH: Tomaste una buena decisión porque has llegado a defender los colores de la Selección Nacional, ¿contanos un poco de esa época y cómo has llegado al equipo nacional?

MM: “En el año 95, con 23 años, tenía la idea en la cabeza de querer hacerme profesional del deporte y de llegar a jugar en Europa. Por este motivo, comencé a moverme por todos lados para lograrlo, hasta que fui a hablar una vez con el técnico de la Selección Nacional, que en ese momento era Enrique Menéndez. Lo encaré y directamente le dije que quería jugar al handball en Europa y que creía que necesitaba la vidriera en el seleccionado. Además, le pedí si podía, aunque sea, venir a ver los entrenamientos de ellos. A partir de allí, empecé a hablar con los jugadores que estaban en la Argentina y comencé a tener buena relación con ellos. Hasta que un día los invité a comer a todos y nos hicimos muy amigos.

Esa amistad y mi seguidilla de visitas a los entrenamientos me ayudaron mucho y fueron muy importantes el momento justo en donde hice mi entrada en la Selección Nacional: un día normal de entrenamiento faltó un jugador en defensa, lo que no permitía hacer la práctica deseada por el técnico, quien necesitaba dos equipos completos sí o sí. Allí me pidieron si yo podía suplantarlo durante ese entrenamiento. Desde ahí, primero hice algunos trabajos físicos y seguí manteniendo la relación tanto con mis compañeros como con el entrenador.

Más adelante y luego del Panamericano del 95 en donde la Argentina obtuvo la medalla de bronce, entró un técnico cubano nuevo, Manuel Quiala, a manejar la Selección y desde que me vio, me dijo que me quería en su equipo. Yo no lo podía creer…”.

SH: Además, has jugado un Mundial en Japón (1997) y otro en Egipto (1999). ¿Qué experiencias/anécdotas te dejó o recordás?

MM: “Jugué esos dos mundiales y podría haberlo hecho en alguno más pero decidí bajarme por mi familia, ya estaba por nacer mi hija, ya me había casado y porque ya estaba trabajando en la televisión. Sin embargo, seguí vinculado a la Selección aunque era todo más complicado. Jugué algunos Sudamericanos y Panamericanos más y, obviamente, en mi club. Todos esos viajes y torneos te dejan experiencias hermosas, aprendés muchísimas cosas y conocés un montón de lugares que quizás, de otra forma, no las conocerías”.

SH: Estuviste jugando en el balonmano de Italia, más precisamente en el club Trieste. ¿Cómo fue tu llegada a uno de los clubes más importantes en ese momento?

MM: “En el 97/08 estuve jugando en Italia porque luego del Mundial de Japón me vieron varios equipos entre los que estaba el Trieste. Era todo muy loco porque en ese momento, de ese grupo de jugadores, me fui yo sólo a Europa. Después se fueron Eric, la Garza, Kogovsek, Martín Viscovich, entre otros… Fue una cuota de suerte que, a la vez, fue acompañada por lo que hice yo. Cuando uno logra algo así, no es un regalo sino algo que uno se gana”.

SH: ¿Y cuánto cambiaba pasar de jugar aquí a Europa?

MM: “Llegar a un equipo como el Trieste es un cambio abismal porque era el mejor conjunto italiano, que jugaba Copa de Campeones, donde te pagaban muy bien y el cual tenía un grupo de personas hermoso. La experiencia fue gigante: el haber jugado Champions y haberle ganado a un equipo como al Zagreb croata, que era finalista todos los años con el Barcelona, lo disfruté muchísimo. Sin embargo, sigo eligiendo el deporte amateur y por eso, cuando se terminó el contrato, me volví. Ellos no lo podían creer porque era titular y me iba muy bien. Hasta llegaron a ofrecerme, inclusive, ponerme un restaurant y la posibilidad de seguir estudiando allá. Pero yo les dije que me quería realizar en otras cuestiones, no sólo deportivas, además de que extrañaba mucho a mi familia. En ese sentido, soy una persona al que no le cuesta dejar las cosas. Cuando volví a la Argentina, empezamos con la escuela del Gato Dumas y ahí siguió mi historia con la cocina, aunque seguí en Quilmes y en la Selección. La diferencia que logré al estar allá fue enorme, aunque estuve poco, no sólo en lo económico sino en lo físico y en la manera de entrenar. Son estilos totalmente distintos, son formas muy diferentes de ver el deporte, sumado a la cantidad de mayores recursos que tienen”.

SH: Para terminar y después de haber dejado de jugar con la intensidad que lo hacías, ¿has vuelto has vuelto a pisar alguna cancha con los amigos?

MM: “Hace casi tres años me rompí la rodilla y me hice una rotura de ligamento cruzado, menisco y cartílago, lo que se llama la "tríada". Es una lesión que a muchos deportistas profesionales los ha dejado afuera de todo. A mí me pasó a los 38 años y, aunque me operé con el mejor de la Argentina y quedé muy bien, sé que si vuelvo a un juego de choque, de acá a cinco a diez años me puedo lesionar mucho peor y puedo llegar a necesitar un reemplazo de rodilla. Lo que sí me gusta hacer es natación, salir a caminar y andar en bicicleta. Ya no veo necesario jugar con mis amigos, aunque sí nos juntamos para otras cosas, de hecho Cristian Platti es el padrino de mi hija Violeta. Siempre hablo con ellos sobre que ninguno de nosotros debe creerse el dueño de la pelota. Fuimos parte de un proceso, de un camino. Lo importante es no creérsela y respetar a todos los que hicieron algo por el handball”.

Foto extraída de http://www.airesdeclub.com.ar/

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