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Metro Clausura 20/11/2018

Maxi Ferro: “Dorrego fue un volver a empezar”

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Juan Manuel García

 
El extremo del Lobo campeón charló con Superhandball de todo. Contó sus sensaciones tras su primer título en Liga de Honor, qué significa Dorrego, qué lo llevaron a querer dejar el handball después de regresar de Europa y qué lo motivo a seguir.
 
Iniciado en SAG Villa Ballester, con un paso por Mitre, donde jugó sus primeros partidos en Liga de Honor y con 7 años de experiencia europea, entre Alemania (Tus 82 Opladen-Leverkusen) y España (consiguió un ascenso a Liga Asobal con el BM Villa de Aranda), Maximiliano Ferro a los 33 años se dio el gusto de gritar por primera vez campeón de un metropolitano. El extremo izquierdo, que supo vestir la camiseta de la selección argentina en el Mundial de Suecia 2011, contó cuáles son sus sensaciones, tras la consagración con el Lobo del Oeste.
 
En una charla con Superhandball, Maxi reconoció que su llegada a la entidad de Morón “fue un volver a empezar” después de analizar su retiro a los 28 años. Contó que el club “es el segundo lugar que más frecuento después de mi casa”, que encontró mucha gente “que estuvo presente en el peor momento” cuando falleció su padre y que su hijo Manuel “está lleno de tíos y primos de corazón”. “Hoy sigo sin poder devolverles tanto apoyo y cariño”, aseveró.
 
- ¿Caíste de lo que consiguieron el domingo?
- Te soy sincero, todavía no. Sobre todo, porque se vivió algo muy emocionante y muy emotivo. Las chicas tricampeonas con jerarquía y después nosotros coronandos por primera vez. Mucha gente emocionada, jóvenes que veían a su club campeón por primera vez y padres, que son exjugadores que estaban cuando Dorrego recién empezaba en el año 1982, y hoy llevan a sus hijos al club y lloraban, felicitándonos. Mucha alegría contenida.
 
- ¿Y para vos que significó haber conseguido este título?
- Es mi primera vez en Liga de Honor y como todas las primeras veces, no lo voy a poder olvidar nunca. No solo el título tiene valor, sino los 4 años junto a Rubén (Busolín), en donde supimos levantarnos de muchas caídas, quedarnos 2 años seguidos afuera del Súper 7, perder jugadores que se marcharon a Europa y, aun así, rearmarnos y no perder el objetivo. Madurar conjuntamente y no perder los valores grupales. Sumar preparador físico, masajista, nutricionista, psicólogo y médico al club es un paso muy agigantado que hicimos.
 
- Una de las cosas que quedan en claro con este título es que sirven los proyectos a largo plazo…
- Hablando con muchos colegas y amigos de otros clubes, se nombraba siempre el mismo denominador: podes juntar figuritas y ponerlas a jugar, pero armar un equipo es algo muy diferente. El equipo se construye con tiempo, constancia, equivocándose, aprendiendo de los errores, aprendiendo a congruir con tus compañeros, sacrificar egos y dar protagonismo a todos. Lo lindo de este equipo (jugadores y cuerpo técnico) es que se unió mucho en los malos momentos y permaneció unido hasta el último segundo del partido del domingo.
 
- ¿El trabajo es el secreto de este equipo?
- Pienso que sí, pero un trabajo con un rumbo claro y con una confianza total en el director técnico y en su labor conductora. El claro ejemplo es el hecho de que jugadores de jerarquía se hayan ido a Europa buscando nuevas perspectivas deportivas, como son el caso de Maxi Soliani y Santi Baroneto, y, sin embargo, sumamos jugadores de abajo como Bauti Arrom y mantuvimos a rajatabla la filosofía de trabajo. Eso mismo nos permitió acoplar a los menos experimentados. Otro factor indispensable es tener una primera formada principalmente con jugadores juniors, que trabajan a largo plazo.
 
- ¿Cuándo se dieron cuenta que podían llegar al título?
- El año pasado dimos un golpe de escena pasando de un quinto puesto a ser subcampeones. Pero nos faltó madurez para enfrentar a UNLu en el Gorki y lo pagamos caro, porque nos ganaron con mucha autoridad. En el Super 7 de 2017 no supimos cerrar la semifinal con Ballester y nos quedamos con el tercer puesto. Después de la pretemporada de invierno que hicimos este año, nos propusimos jugar las 6 primeras fechas y ver como estábamos a nivel de juego. Después vino el partido contra Ballester, que empatamos, perdimos contra Mitre y más que bajonearnos, salimos a jugar los últimos 3 partidos con más motivación, aun sabiendo que podíamos y teníamos que hacernos cargo de la situación. En el club nadie nos presionaba, pero todos estaban muy expectantes de lo que podía pasar en los últimos 3 partidos. Fue fundamental fue no sacar el pie del acelerador hasta el final del partido con Ferro, aun habiendo ganado con lo justo contra UNLu.
 
- ¿Siempre pensaron que se podía incluso cuando el que tenía la ventaja era UNLu?
- Contra UNLu ganamos en el primer torneo, pero en otro contexto. Con Fede Pizarro y Fede Fernández cansados después del Panamericano de Nuuk y sin Nacho Pizarro. Pero ahora el contexto era distinto, los dos equipos estábamos completos y descansados. El planteo que hizo Rubén fue excelente y trabajamos el partido durante dos semanas. El partido se podía ganar en la medida en que nosotros jugásemos a como juega Dorrego y manteniendo la intensidad y la concentración durante los 60 minutos.
 
- ¿Cuánto mérito tiene en todo esto Busolin?
- Rubén es el arquitecto de este logro en dos aspectos: primero es un entrenador que, pese a su juventud, está tremendamente capacitado y actualizado. Planificador de pretemporadas, viajes y giras, armando entrenamientos semanales y preparando los partidos. En segundo lugar, también supo rodearse de gente muy capaz y contagiarle motivación. Por ejemplo, Gustavo Rocha, entrenador de cadetes y juveniles, como asistente, Mateo Poli como preparador físico, Carlos Lezcano como masajista, Alejandro de la Quintana que colaboraba con los arqueros (NdR: fue arquero) y Laura López como nutricionista, que nos ayudó mucho en lo que dieta e hidratación se refiere.
 
- ¿En tu caso valió la pena esperar tanto para disfrutar de un título en la máxima categoría?
- Si las cosas llegan rápido uno se pierde de disfrutar el camino transitado. Lo importante del título es haberlo conseguido a base de esfuerzo y mejoras progresivas y no por armar un equipazo de la noche a la mañana. Además, fui testigo de la madurez de muchos jugadores desde Juniors hasta hoy en día y eso me llena de alegría.
 
- ¿Qué significa para vos Dorrego?
- Dorrego fue un "volver a empezar". Volví a casa después de 7 años en Europa y decidí tomarme un semestre sabático para encarrilar cuestiones laborales, prioritarias y recuperar lesiones que venía acarreando. Ese semestre me ayudó muchísimo, me distancié del handball para curarme internamente, hacer terapia y reciclarme. Santi Baroneto me llamó un día y me propuso tomar unos mates y entrenar los viernes en Dorrego. Fui a entrenar, me reencontré con Rubén, después de muchos años, vi la juventud que había, la poca estructura, por un lado, pero por otro una gran ambición por querer crecer. En ese momento me dije a mi mismo: "podemos darnos la oportunidad de volver a intentar". Empezó un 2014 con apenas 6 jugadores de liga (4 tenían apenas 22 años) el resto eran jugadores juniors. Y casi descendemos a Primera.
 
En 2015 Rubén tomó la rienda y ya teníamos 7 jugadores de Liga y 7 juniors y con altibajos quedamos octavos en ambos torneos, mirando de reojo la tabla del descenso, pero todavía nos quedaba lejos el Súper 7 y ganarles a rivales como Ward, UNLu y Ballester era impensado. Hoy disfruto de los 4 días que entrenamos y del partido. Llego temprano a entrenar para charlar con los padres, tomar unos mates, mirar los entrenamientos de las inferiores y después ponerme a entrenar con mis compañeros. Al partido voy con mi mujer y mis hijos que fueron arropados desde el primer momento y los llené de tíos y primos del corazón. Hoy es el segundo lugar que más frecuento, después de mi casa y en donde mucha gente me hace sentir parte.
 
- ¿En algún momento pensaste en dejar de jugar?
- Si. Cuando volví de Europa pensé que el handball era un capítulo cerrado, que ya había vivido lo necesario y que no tenía nada más que buscar. Pero Dorrego me invitó a comprometerme sin tener que rendirle cuentas a nadie. Así que le di otra oportunidad al handball y no me arrepiento por eso.
 
- ¿Qué fue lo que te llevó a pensar eso?
- Creí que en Europa me iba a quedar más tiempo. Ascendimos a Asobal con el BM Villa de Aranda y la directiva del momento decidió remover a 12 jugadores de la plantilla y al cuerpo técnico. Dentro de esos 12 jugadores estaba yo. Me entristecí mucho, me sentía muy frustrado y desilusionado, sumado a que no quedé en la lista de 14 jugadores para ir con la selección a los Juegos Olímpicos de Londres. No haber cumplido con metas tan ambiciosas me llevó a replantearme si seguir jugando o dejar, por eso me tomé un semestre sabático.
 
- ¿En Dorrego encontraste lo que estabas necesitando?
- Una noche, después de uno de los primeros entrenamientos, me senté con Juan Tonelliy y estuvimos charlando como 5 horas, conversamos de todo. Le comenté me situación y me dijo: "el pasado no lo vas a poder modificar, pero estás a tiempo y juventud de sumarte a un club chiquito, que está empezando a crecer y que no vas a sentir presión alguna por jugar". Y fue tal cual me lo describió Juan: no había presiones, había talento para pulir y paciencia que sacrificar. Muchas personas de Dorrego estuvieron presentes en el momento más triste de mi vida, cuando falleció mi papá, y a su vez en el momento más feliz cuando nació mi hijo Manuel. Hoy sigo sin poder devolverles tanto apoyo y cariño.
 
- ¿Algo de lo que visite en Alemania, España o con la selección se compara con lo que sentiste el domingo?
- En España viví algo muy similar, porque Aranda es un pueblo que vive el handball muy a flor de piel. Era un club con el tercer presupuesto más bajo de la División de Honor Plata con el objetivo de la permanencia. Y de repente jugamos la fase de ascenso y conseguimos subir a ASOBAL, el pueblo se revolucionó y explotó de júbilo. Al día de hoy sigo hablando con gente de Aranda, con mi exentrenador y con esos compañeros que tuve. En la selección viví el mundial de Suecia 2011 desde adentro, viendo como un equipo se atrevía a plantarle cara a selecciones potentes. Pero en la selección como sos seleccionable, uno también es descartable. Disfruté mucho el poco tiempo que vestí la celeste y blanca pero mis momentos de mayor alegría siempre los viví en los clubes. Lo de Dorrego es distinto, porque tardó 4 años en llegar y fue empezar de cero. Tiene el valor agregado del tiempo y la paciencia. También uno se va poniendo grande y se abraza más a estos logros. En mi juventud quizás las alegrías duraban menos porque ya estaba proponiéndome otros objetivos, pero hoy prefiero disfrutar de las alegrías que me da el handball más profundamente y saborearlas más tiempo.
 
- ¿Hoy estamos ante tu mejor versión?
- No sé si la mejor, pero una versión que disfruto. Creo que mi mejor momento fue en la temporada 2011/2012 con 27 años. Me sentía muy a gusto conmigo mismo. Esta versión es distinta, confío mucho más en mis compañeros y me propuse ganarle al tiempo, a saber, que mi cuerpo ya no es el de los 20 y que tengo q trabajar y esforzarme mucho más que antes, equivocarme menos, ser más precavido en cuanto al descanso y más inteligente y calmo cuando el partido está en su máxima tensión. Gran mérito, tienen mis compañeros que hacen correr en cada entrenamiento. Todavía siento que les llevo el ritmo, aunque me cueste.
 
- ¿Hay Maxi Ferro para rato?
- Ya no decido solo. Decido en familia. Mientras ellos me den el aval para entrenar, no faltar y saber que para mí el deporte es filosofía de vida, voy a seguir jugando. En el club hubo un cambio de filosofía y me entusiasma y me motiva. Mis compañeros y las demás personas que forman Dorrego hacen que ir a entrenar conjugue sacrificio con placer, lejos de cualquier éxito o fracaso, y eso no se consigue en cualquier lado.

Foto: Das Handball/Ayelén Vallejos

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