SuperHandball Magazine en MLA
EN PRIMERA PERSONA 9/4/2016

No lo traten de entender

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Mariano Muñoz

Es que es tal como dice la canción. Y aunque para todo el ambiente del handball nos pongamos un poco (bastante) pesados, es muy probable que solo la familia de Ferro sepa lo que nos pasa en este momento. 

Este momento es más de lo que todos soñamos. Los grandes, los chicos, los más viejos, los que están y los que no. Los que vivieron las mejores y los que vivimos las peores. Es de los momentos más felices de la historia del handball de Ferro. 

Los 80 fueron gloriosos. Para el fútbol, para el vóley, para el básquet y para el handball también. Para la Institución destacada por la UNESCO en reconocimiento a su esplendor en el ámbito cultural, social y deportivo. Pero después empezó a complicarse. Los 90 no tanto, pero la década del 2000 fueron años muy duros, para la sociedad en general, y obviamente para el club.

Y acá empieza lo lindo. Porque sin dudas que todo lo que pasó durante esa década nos hizo más fuertes que nunca. ¿De qué hablo? De una Institución acéfala, en todo sentido. De jugadores entrenando en cualquier condición (pero cuando digo cualquiera NO SE IMAGINAN, EH) y con cualquier material. De entrenadores poniendo el lomo, su tiempo y su dinero, entrenando como y donde se podía. De padres acompañando como hiciera falta, cargando autos y autos de chicos para ir a jugar de visitante, invirtiendo tiempo y dinero también, dedicándole horas a bufetes y también pagando hasta por el aire que respiraban sus hijos dentro del club.

Por eso esto hay que disfrutarlo, el doble, el triple. Porque la familia del handball de Ferro le puso el pecho, el hombro, la cabeza y hasta los dientes a todo lo que pasó estos años. Porque eso es Ferro. Poner todo y más, solo por ese pedazo de tela verde que llevamos en el corazón. Porque somos de Ferro, de handball, de básquet, de fútbol, de béisbol, de tenis de mesa y de bochas. Y este resurgimiento social, este renacimiento como institución, hay que celebrarlo, y disfrutarlo, repito.

Había escrito un montón de detalles, de cosas que me pasaron en esos difíciles 2000. Los borré porque me iba a olvidar de gente. De jugadores, de entrenadores, de padres que hicieron cosas monstruosas e impensadas para sostener la actividad. Lo más importante de todo esto es que somos un montón más, que hay tres categorías de mayores cuando había algún lunes que no juntábamos 10, o que si te acercás un martes o un miércoles al club hay pibes y pibas entrenando por todos lados. Cuando para buscar la actividad tenés que ir a los playones de la platea, o a Gainza, o ahora al Estadio.

Al único que voy a nombrar es a Róber. ¡Qué feliz estarías Brother! Me imagino tus reacciones, tus sonrisas, tus abrazos a todos y cada uno. Y me imagino, y estoy seguro, que a pesar de que entrarías a ese Estadio con el pecho inflado y con mucho orgullo, que desearías profundamente que el jugador de Ferro NUNCA DEJE DE SER JUGADOR DE PLAYÓN. Con todo, todo, todo lo que eso implica y nosotros ya sabemos.

Por todo eso, y por todo lo que me olvido, no queda más que disfrutar este presente. No queda más que entrar a ese gimnasio, mirar para todos lados y sonreir. No queda más que pelarse el lomo cada entrenamiento como si fuera el último, para llevar a Ferro donde tiene que llevar. No queda más que tirarse de cabeza al suelo azul (que duele mucho menos que el verde donde lo solíamos hacer) en cada pelota. Perdonen que me extendí tanto, es que no me entraba tanta felicidad en pocas palabras, y mucho menos lo que la memoria me dictaba. Perdonen, pero es como dice la canción, “NO LO TRATEN DE ENTENDER”.

Foto: Cortesía de Pablo Monti @PabloMMonti

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