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BALONMANO ESPAÑOL 14/8/2012

Desastre en el Paraiso

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Román Bravo

Hubo una vez un lugar en donde los jugadores de handball morían por cumplir su sueño. Un lugar en donde cualquier loco de este deporte, sobretodo si era argentino o hablaba español, deseaba poder jugar, sin importar la categoría, ciudad, región o nivel. Un sitio en donde muchos veían posible ser profesionales, vivir del balonmano, hacerse mejores jugadores y vivir experiencias únicas que no podían tener en las ligas de sus respectivos países. Ese lugar era España, el paraíso del handball... que ya no es el paraíso.

Y dejó de serlo, por mala suerte, para pasar a ser un desastre mayúsculo. Un lugar que supo ser cuna de grandes equipos pasó a ser casa de grandes deudas. Pasó de ser un país con dinero para el deporte a un país en donde ahora nadie, o muy pocos, quieren apostar por poner dinero en la actividad. Y si hay que buscarle respuestas a semejante problema podemos encontrar varias. La primera es la crisis. La segunda, el despilfarro.

El balonmano español está enfermo desde hace unos años, pero parece tener su punto de máxima preocupación en la temporada que va a empezar. Antes, se sabía "por los pasillos" que los clubes pagaban tarde, o en negro parte de los sueldos, o que al final de temporada terminaban debiendo algunas nóminas a sus jugadores. Ahora se destapó la olla. Nadie esconde que hay deudas, que hay grandes problemas de liquidez, que escasean las empresas con plata para patrocinar, que los Ayuntamientos o Juntas ( municipalidades o gobernaciones) se niegan a poner dinero, sobretodo porque no lo tienen.

Así, todo el mundo en el balonmano español habla de economías de gran austeridad, de apostar mucho por la cantera, de dejar totalmente los fichajes extranjeros o de renombre, de acostumbrarse al escaso público en los campos y de pagar poco y tratar de cumplir. De no gastar, en pocas palabras. No se puede derrochar lo que no hay.

Ni un mango, para decirlo en criollo. Porque en estas épocas de vacas flacas se vive una"moda nueva" de los equipos: Desaparecer, literalmente, o bajar de categoría. Y no me refiero solamente al nivel de sus plantillas, si no también a descender una o dos divisiones y así seguir viviendo "con poca plata" y no morir por tratar de mantener el elitismo. Y esto no solamente pasa en la Liga Asobal. Pasa hasta en las divisiones más bajas.

Casos dramáticos, como el ex Portland San Antonio, o casos menos conocidos como el BM Torrevieja o el Antequera, son los más llamativos. Los ex campeones de Europa no solamente han perdido en los últimos años a su principal patrocinador, a sus grandes jugadores y a una enorme parte de esa afición que siempre llenaba el Universitario de Pamplona. También perdió su sitio en Asobal y decidió, por no poder solventar los gastos, bajar a Primera Nacional, la tercera división, la misma en la que jugará el ex conjunto de los Simonet o el ex club de Andrés Kogovsek.

La Liga Asobal, que siempre contó con 16 equipos, se vio obligada a readmitir conjuntos descendidos o clubes que no habían logrado el ascenso para poder completar el cupo de instituciones participantes. Pero la cosa viene a peor cuando se habla de la División de Honor B, que este año se verá drásticamente disminuida en el número de participantes, lo mismo que un grupo de los cuatro existentes de la Primera Nacional. Y el desastre parece que no reflejará solamente en los clubes.

Se van los jugadores. Si, los cracks de años atrás o los jóvenes emergentes dejan España en busca de cierta estabilidad en ligas inferiores (Portugal, Austria, Suecia, por ejemplo) o nutren de talento competiciones como la alemana o la francesa, ligas que parecen no ceder ante la crisis y que se ven altamente beneficiadas por la ruina española. Solamente hace falta ver la gran desbandada de jugadores de clubes como FC Barcelona, Atlético de Madrid, Ademar de León o BM Valladolid, teóricamente grandes equipos que también sufren, y mucho, la crisis en España.

Ya no se habla de paraíso. Ya no es el sitio dorado ni la mejor liga del mundo. Ya no hay tantos cracks para ver ni tanto dinero que ganar. Ya no es la salvación jugar en España, o al menos un buen lugar en donde asegurarse en parte el futuro. La crisis pega muy fuerte y el talento de exportación sigue creciendo, al igual que las deudas y las instituciones en quiebra. Por ahí es mejor quedarse en casa antes que cruzar el charco. Por ahí vale la pena seguir intentando tener suerte y poder tocar el cielo con las manos. Cada vez está más difícil. El paraíso ya no existe.

Foto: Extraída de Asobal. es. La crisis sigue pegando fuerte.

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